Basura escrita bajo un flexo (Verano de mierda)[Relato] 2ª parte

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2 semanas y era libre, libre de quedarme en casa y no dibujar nada, ver pasar el tiempo inútilmente con la programación de la televisión y la ausencia de contactos de amistades para charlar por la red por la suerte que tienen de viajar.

2 semanas que las aprovecharé como uno qué sabe y bien: no cambiar nada pero recordar los días que me faltan.

Hablo por mensajería instantánea de Internet con mi amigo Damián, otra de las amistades que empezó en el instituto y seguimos prácticamente igual. La diferencia ahora es que está enganchado con aquella maldita serie llamada “Ploof” o “Lost”, y le encanta contarnos a mi y a Paulo lo último que ha escuchado de su grupo favorito, unos rusos o suecos que tocan canciones mientras el vocalista toca su guitarra eléctrica con un arco de cello sonando horrible y apagado mientras canta en falsete. Aterrador. Le cuento la noticia del día y el responde con risas que se atreve a pasarla en relato corto ahora que llega el verano y hace tiempo que no escribe. Valiente mierda.

Las clases de Diseño las aprovecho como puedo, no volveré a tener la oportunidad almenos en este curso de realizar trabajos con calma. Antes ese día me paso por el bar de Paulo. Está prácticamente vacío pero nunca del todo, Gente que espera para ir a comer, gente que viene de llenarse el estómago. Paulo está sentado enfrente de una mesa cercana a la puerta del pequeño local. Mira para no morirse de asco la recepción pirata de una tele digital alguna peli sobre una monja que vuelve del infierno para matar a los alumnos que la mataron por cruel y bollera. Al ver que entra alguien y enterarse que soy yo, interrumpe su movimiento de levantar el culo y servirme. Me saluda con un “Uey” y sigue mirando la película idiota de terror.

Al decirle que tendré pasta para comprarme un PC nuevo, empieza a comentar lo que el se ha pedido ya por encargo en cuanto a piezas para su nuevo ordenador. “Es un pepinazo”, responde siempre. Me promete que con su hermano tendré la ayuda para tener listo un ordenador ideal para jugar y trabajar. No saco el tema del PC vs Mac. Un hombre de treinta y pocos años que estaba taciturno tomando un café con leche de repente se despierta de su letargo, se gira a nuestro lado y empieza a cantar: “Esas maquinitas que jugáis, os hacen ver marcianitos antes y después de acostaros. Un amigo me invitó a jugar a un FIFA: 90 minutos con un comentarista de fondo que aún después de estar en mi cama le seguía escuchándole. Esos juegos son adictivos y malos. Los niños ya no dibujan pollos de corral, los retratan como los que ya están muertos y pelados en la carnicería del supermercado.” Nos quedamos callados por si quiere proseguir con sus penas, ya que nos sigue mirando con cara de “Os he dado una lección del día”. Y en efecto, sigue con su sermón.

Acabo las clases y me despido de mis compañeros. Al llegar a casa me recibe mi padre con un saludo que de primeras no entiendo. Le pregunto si me ha dicho algo y me responde que es inglés. Me mira divertido, que debo empezar a practicar para el trato con las innumerables visitas de clientes británicos. Pienso que exagera, que solo seré un mandado de sus compañeros de trabajo, pero acaba diciéndome que en ocasiones deberé atender a los huéspedes de la temporada alta. Mi garganta hace un ruido estúpido al querer emitir sonido de entendimiento a la vez que trago saliva. Los lentes de mi padre se desplazan un centímetro abajo al subir las cejas para que entienda que me debo resignar lo que me espera.

Una semana. Siete días que pasan volando. Otros siete y ya no seré un parásito doméstico. Mi madre como de costumbre se acerca al cuarto para llamarme y vaya a cenar con ellos, con o sin fideos instantáneos para mi solo. Se queda mirando un bulto que hay encima de la silla a la que se suele llamar “la que siempre usas para llenarla de trastos y ropa”, ya que hace unas 5 horas no estaba allí esa bolsa. “Me he comprado un libro de anatomía”, le digo para acallar su curiosidad. “Pues haz fotos a la gente, la de fotos que debe haber por el ordenador también” “Internet dirás” “Eso, por la red de los locos”. Lo dicho, seré siendo un hijo que compra libros para tenerlos de archivo en sus dedicados dibujos, dedicados porque me parecen basura pero las horas que les echo. Pero un hijo que se puede permitir esos caprichos. Una mancha de humedad del techo me mira desde allí arriba. Semanas que pasan y sigue allí. Es ya mi confidente, pero la cabrona morirá algún día a base de brochazos. Me levanto y voy a cenar mis fideos.

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