Basura escrita bajo un flexo (Verano de mierda)[Relato] 3ª parte

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En los últimos 7 días que me quedan antes de empezar a currar después de 3 años rascándome los huevos literalmente, mi percepción del mundo se vio alterada gradualmente. No me importaría el escuchar a los adolescentes que se quedaban hablando enfrente de mi portal. Sus voces “polleras”, queriendo distraer de sus gallos vocales, disimulaban al mundo con agravar la voz pareciendo tener algo metido entre una mejilla o otra. Dios, como los defenestraría a todos. ¿Como sería la Edad Media si surgiera ahora? ¿Irían en caballos en vez de motos, cascos de caballeros adornados con logos de marcas como Chupa-chups e irían a montar fiesta alrededor de un castillo? Si hicieran el caballito, el pobre animal podría romperse una pata y eso no me gustaría, pero siempre podría aplastar al chulo montador, asfixiándolo hasta la muerte o heridas internas.

No me importaba tanto pues me alejaría de ellos unos buenos meses. Espera, ¿no habrá de estos seres pululando en mi puesto de trabajo? No importa, el tema es que me pagan. Suena a prostitución de mi alma, y eso no es cierto. Para eliminarlos de la faz de la tierra tan sólo he de alejarlos de mi mente y que sus voces de glande tenor son solo tonterías. El verano apenas durará lo que yo trabaje. Hola trabajo, adiós juventud clónica con ceniceros rubios en la cabeza y valor igual a gilipollismo. Os esperaré triunfante y grapando en vuestras caras la poca seriedad de vuestras acciones.

Quedé con Paulo y Damián el sábado, penúltimo día antes del Día H. Comenté que algún día libre tendría, aunque puede que entre semana. Somos tan vagos que no creo que se presenten allí a saludarme. Además no podrían verme mucho salvo la hora de comer. El calor apretaba y de camino a casa de Paulo el bus estaba abarrotado. No soporto la masa acumulada de cabezas, culones y tufos. Es más, no soporto aquellos individuos que pretenden ocultar que son unos guarros y no se ducha, rociándose de alguna colonia muy fuerte o una cantidad exagerada que parece que se echen cubos, cuando no disimula y solo hace que se sienta un olor que a menos de la mitad cuando lo inspiras, el acento a sudor y roña te hace daño en el tabique nasal y tu pobre cerebro.

Domingo. La calma antes de la tempestad. Mi padre sigue escupiéndome frases en inglés. Mi madre que en cuanto empiece a trabajar allí, no me preocupe llenarme el plato del bufé libre a la hora de la comida. Que estoy delgado y fino como palillo y ahora que deberé cargar cosas no es plan. Siempre los hombres obesos que cargan cosas son geniales. Mirad a Papá Noel. Buda carga con el mundo en su sabiduría. Es simpático verle en imágenes de sus estatuas de bronce en tiendas de ropa para tallas grandes. Jesucristo es distinto. El cargó con su cruz y no iba sonriendo. ¿Que prefieres un gordo con unas posibilidades altísimas de sufrir un ataque a la patata pero que regala cosas o un raquítico que comía pescado y bebía vino como los indigentes con su sardina en lata y vino tinto de marca Hacendado? Mi elección está clara. Un hombre delgado pero fuerte y que carga en el interior de su ropa un variado arsenal para defenderse de la escoria. Menudos regalos que reparte.

Es la noche, madrugada del lunes. Apenas he dormido. La tempestad empieza. La cisterna empieza a tronar toda la mañana, entre mis padres dando el saludo al trono familiar y hermanos que no disimulan sus gases pero usan el bater como papelera. Me quedo tumbado esperando que se calme la cosa, para ir tranquilamente a la ducha y luego desayunar sin movimiento alguno por la cocina. Entro a servirme mi café después de haberme limpiado a conciencia y veo a través de las gafas de mi padre mirando por el rabillo del ojo. “Apenas has dormido, ¿eh?”. Le respondo como toca por la mañana, un graznido que sale de mi boca que no suena ni sí ni no. Almenos sabe que le he escuchado.

Cogemos el coche, es un decir, el conduce y yo me paso con cara legañosa y de chupar limones por los primeros rayos del sol no del día pero si para los que aparecen detrás de la barriada. Ugh, cerrar los ojos es ver una capa rojiza y púrpura a ratos. Hablo con mi viejo muchas veces, pero entiende de mi posición de estar comenzando a entender que voy a currar de mañana y pone la radio en espera de encontrar alguna sintonía con imitadores graciosillos de personajes de la actualidad. Los raps abundan pero no es rap, son rimas que harías a los 6 años pero peor. Voces en off que discuten y te lo anuncian todo a gritos. Por la ventana veo caras que en el mismo momento olvido. Solo sé que almenos comparten mi estado pero aumentado por equis tiempo. No acabo ni de empezar, solo en el camino al tajo y ya siento déjà vu.

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