Felices 30 años, Super Mario.

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Mi prmer videojuego no fue Super Mario Bros. Aunque lo tomo como tal ya que el videojuego “Soccer” de la misma consola no me entusiasmó  mucho. En unas semanas posteriores recuerdo a mi padre llegar del trabajo y traía esa misma caja, solo que con “versión española” escrito.

Siempre me pregunté que qué hace Super Mario saltando al lado contrario donde Koopa, o Bowser, tiene retenida en sus zarpas a la Princesa Toadstool (luego a ser Peach, menos nombre de hongo). Recuerdo jugarlo en el 1991, 6 años después de su salida en Japón. Mario en sí tiene más años de “nacimiento”, ya que como Jumpman en Donkey Kong en el 1981 o Mario, sin ser “súper” en Mario Bros de 1983. Pero protagonizaba su primer gran aventura, consolidó el éxito de las plataformas, pues no inventó tal género pero su jugabilidad era tan buena, que 30 años después se sigue jugando sin ningún problema.

 

En estos más de 20 años jugando a sus juegos, recuerdo la emoción de jugar al Super Mario Bros 2 (el famoso “Mario USA” para Japón por ser una versión a occidente del juego Doki Doki Panic, pero resultó sumar posteriormente conceptos o atributos a personajes, curioso). Luego la ilusión de tener Super Mario Bros 3, esa mítica caja totalmente amarilla y un Super Mario Tanuki, aunque en occidente lo llamábamos “traje del mapache”.

Podría contar mil anécdotas, como que mi madre fue de la familia (todos nos viciamos al juego, hasta posteriormente le gustó jugar al DKC 3 de Super NES) quién descubrió el mítico atajo, o Warp zone de la fase 4-2. Hasta llamó a casa de mi abuela donde pasábamos el fín de semana.

 

 

Por eso, lejos de las maquinitas o matamarcianos, que si ablanda cerebros, esta mascota de Nintendo ya forma parte del icono de la cultura popular y no solo de los videojuegos. Aunque maravilló su paso a 3D (qué nervios la primera vez que jugaba a un Mario tridimensional, con control analógico también) su éxito radica en su fórmula del 2D.

Cuando Super Mario tenga 40, 50… yo tendré la misma edad. El tema es que seguro que yo dejaré este mundo y el muy cabrón seguirá dando saltos  con puño hacia arriba y pisando champiñones y tortugas. Porque ni Shigeru Miyamoto, su creador, podría detener el legado. Debería irle muy mal para en menos de 3 décadas posteriores pierda su gran fórmula de éxito.

 

 

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