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¿Qué piensa usted, Sr. Freud? (Sueños propios narrados al detalle) (50)

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En un local que recuerda a uno que frecuentaba de niño (una antigua tienda de juegos y alquilar unas horas consolas allí), un amigo tiene expuestos tomos de comics que el mismo compró, o ediciones coleccionista de películas en DVD. Lo primero que me fijo es que los tomos del manga One Piece que es seguidor lo está vendiendo y además llegan a números como “296”, (la serie da para largo ¿pero tanto? nada es imposible… ) no llego a recordar que tipo de ilustraciones  tiene en portada pero mi mente no imaginó tampoco algo original.

Con esto que las estanterias colocadas en filas me fijo en unas ediciones limitadas de la saga Alien de cada película. Realmente existe una edicion “huevo de Alien” pero en mi sueño… ¡era a lo juguete de “Mighty Max”! Así como una versión de rostro del xenomorfo abriendo las fauces como en versiones que tuve de esa linea de juegos. Algo engorroso si más atras tenia DVDs pero bueno.

Estaba marchandome de la tienda de mi amigo aunque al entrar una pareja joven, este ponia una voz con un acento extraño y regateaba o no dejaba vender facilmente sus productos…

Para acabar, veía caminando desde fuera una taberna irlandesa, con bastantes señalizaciones en verde para celebrar el día de San Patricio, esto en mi ciudad de Palma.

¿Qué piensa usted, Sr. Freud? (Sueños propios narrados al detalle) (49)

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Sueños confusos hasta para mí, relacionados con que mi protagonismo es cedido a personajes de unas películas inventadas en mi mente.

El primero voy volando con un avión más sencillo que el de los hermanos Wright de  acompañante. A mi lado pilotando está un chico de 5 años  y más relleno que yo. Me mira de reojo muchas veces y no sabe seguir algunas preguntas. De pronto la escena transcurre en tercera persona y ya no soy yo, es una mujer joven que pide ayuda a ese chico “aunque en principio no quería pedirle el favor a su enemigo de su país”. Esto ya lo veía como una película en un monitor.

El segundo vuelvo a ser yo, estoy en clase y una profesora que es una mezcla de varias de mi época de instituto, pregunta de forma ignorante “y los chicos hoy en día usais algo como el chicle para… ” a lo que automáticamente le corrijo que “se dice condón” ¿?. De forma poco inspirada vuelvo a hablar exclamando “si fueran por chicles nos ahorraríamos bastante dinero”. Un amigo tiene la cara roja como si se hubiera quemado por el sol, tiene una insolación y estamos esperando en la parte exterior del instituto para marcharnos. El va dando tumbos para seguir y salir fuera. De pronto una chica que decide acompañarle no le deja un amigo suyo que está celoso y es como el típico chico algo deportista chulo de la ficción. Decido ir a donde la ha dejado encerrada, espero que salga el chico y con un movimiento certero de muñeca lanzo un cuchillo a lo malabarista de circo, directo al corazón. En este momento ya no soy yo, vemos en tercera persona un chico rubio rizado y toda esa historia era una confesión alterada que contaba a la policía. La película acababa que habíamos visto su versión de los hechos, por lo que era curiosa verla de nuevo y mirar lo que no encajaba.

¿Qué piensa usted, Sr. Freud? (Sueños propios narrados al detalle) (48)

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El sueño de esta pasada mañana no ha sido un cúmulo de escenas surrealistas, pero me cae hondo ya que me hizo recordar a una persona querida que mantengo conversaciones cada unos cuantos meses.

Todo empieza llamando a esa amiga que había llegado a mi ciudad y le iba muy raro el móvil. A la llegada en el reencuentro es muy tranquila la escena pero un toque sutil de efusividad, afecto como posar la mano en su hombro y preguntarle como está.

La conversación fluye de manera muy natural y llega a un tema de si una película musical, ninguna en concreto que yo sepa, le habia gustado verla con una amistad suya y no era muy recargante.

Estaba tan calmado que me estaba olvidando que en media hora había quedado con otra amiga. Con eso que lo único extraño del sueño es que estábamos sentados en una sala de espera de un edificio de oficinas cualquiera, y al abrirse un ascensor de enfrente para uso público estaba mi amiga de casualidad que debía ver luego. Con esto que la impresión me embarga una especie de orgullo de presentar a mis amistades entre sí.

Puede parecer un sueño sencillo y nada especial para contar. Pero para mi los sueños que te dejan una sensación por dentro de añoranza y que no has olvidado a una persona me importan mucho, sobre el subconsciente y confirmar que sigues pensando con afecto, y orgulloso de esa amistad.

¿Qué piensa usted, Sr. Freud? (Sueños propios narrados al detalle) (47)

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El sueño que voy a contar es de hace casí 20 años atrás, a los 6/7 de edad:

 

Lo primero que recuerdo es que mis hermanos visten pijama, es ya de noche. Pero me miran con unos ojos rojos intensos y lanzan rayos que chocan en las paredes del pasillo de casa que da acceso a las habitaciones. Parecen enfadados por alguna razón que desconozco además de un poder sobrenatural tan vistoso. Veo chispas a mi alrededor mientras corro al cuarto de mis padres. Al llamarlos encienden cada uno sus respectivas lámparas de mesita de noche, pero lo que ocurre también es que encienden sus cabezas. Y es que tienen luces por cabeza. Uno redonda para iluminar escaleras comunitarias de los pisos y mi madre con el de “TERCERO” también de escaleras de piso.

A la derecha en ese cuarto hay la puerta para salir a la terraza de casa. Corro allá y escucho un coro de cantantes afroamericanas de alguna canción dance de principios de los 90. Estan volando en círculos y recuerdan a las que acompañaban a coro a Boney M. Veo una silla de ruedas oscura y algo oxidada y me siento. En los posabrazos se me cierran unas manillas y noto que levita. Me estello en el edificio de enfrente.

Al despertarme de ese golpe veo que estoy en el infierno, aunque no como uno se imagina. Estan dos compañeros de parvularios para hacer el papel de hermanos, chico y chica gemelos un tanto inquietantes. Me dicen que estan orando, y me pregunto quienes. Unos demonios de colores vivos, rojo, otro azul, etc. con aspecto de ser del vecindario de marionetas de Barrio Sésamo estan queriendo invocar o dar rezo alguna alma. Fin del sueño.

 

 

¿Qué piensa usted, Sr. Freud? (Sueños propios narrados al detalle) (46)

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Empieza en un hotel cutre que anteriormente me había hospedado y debo recoger un billete de avión que me dejé en la habitación. El mostrador de recepción parece una de esas cajas de alguna mercería de barrio: angosto y lleno de cajas hasta el camino de las escaleras a los pisos con las habitaciones. El recepcionista aún reconociéndome de hace nada que salí de la puerta me preguntaba quién era, si de verdad me había quedado alguna noche allá. Subí enseguida que pude.

El siguiente era yo, madre, hermano y su pareja rellenando unos impresos de esos anodinos y absurdos de administración pública. Era para pedir lo que más deseaba uno de aquí unos minutos. En mi caso había escrito algunos deseos pero no la hoja primera con los datos personales y demás. De pronto me decía mi familia que daba igual, que estuvieramos bastante juntos e hicieramos la cuenta atrás a la vez. De pronto todo se quedaba en una luz muy brillante, y eramos transportados en algun lugar que recordaba a alguna nave de un polígono industrial con sus escalerillas metálicas para acceder a sus secciones. Según nos acercábamos a un lugar que faltaba alguna escalera, se iba apareciendo primero translúcida y luego opaca, física para apoyar los pies y subir. Resultaba ser que era un fin del mundo ordenado y relajado e ibamos al otro mundo tal así, de allí pedir deseos ¿?

El último era en mi casa y mi hermano había colocado un papel de envolver resistente con hojas de plantas. Al fijarme bien ví dos crisálidas abiertas pero lo que había surgido de ellas eran dos babosas pequeñas de color oscuro. Me decía que esas eran mis nuevas mascotas y debia cuidarlas.

¿Qué piensa usted, Sr. Freud? (Sueños propios narrados al detalle) (45)

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Estaba contento junto con un amigo y compañero de clase haber acabado el primer curso de una escuela de Diseño. Pero me venía a la mente que no había acabado años atrás el curso de FP de preimpresión. Ni idea de como haría estos dos cursos pero me empeñé en ir a un lugar cerca del centro donde cursan los estudios que no finalicé. Allí cerca había un puente algo feo que pasa sobre un torrente y veía de lejos hasta un antiguo tutor. Con algo de tierra y pinos, justo alrededor empecé a desenterrar una bolsa de plástico con libros de 1º de preimpresión y una lista de libros necesarios para el segundo curso.

Todo el sueño tenía un aire extraño, entre la escuela de diseño bastante moderna y la de FP queriendo no quedarse atrás y aún así teniendo un aire de estancamiento.

¿Qué piensa usted, Sr. Freud? (Sueños propios narrados al detalle) (44)

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El comienzo se daba en una habitación lo suficientemente grande para meter algun cuarteto, quinteto de músicos. Era una sala rectangular que desde a la altura del suelo a mitad la pared estaba sin pintar o empapelar. El resto si estaba decorado con un papel de pared que recordaba a un relajante horizonte de cielo azul y nubes blancas desperdigadas. Me reía con una amiga, [M], ya que esas salas pequeñas u otras con una buena acústica si alguien llegaba tarde, hacia el numerito y charlas chismosas de susurros se escuchaba en toda la habitación, tanto en situaciones de ficción como en la vida real.

El siguiente era sobre un programa de noticias que para enganchar a niños tenían a una “colaboradora infantil”. Era una chica de raices de Santo Domingo, de 15 años algo rellenita normal en su edad que leía con cierta lentitud por nervios sobre un texto de civismo en chicos de su edad ya que se estaba imponiendo una moda de pasar por las calzadas del centro en rojo y chulear ante los conductores que parasen.

De pronto la escena pasaba de imagen de tele a estar allí directamente. Un profesor que salía al acabar las clases era casi alcanzado con un frisbee rojo. Era de estatura normal, algo de calvicie pero pareciendo seriote cogia el frisbee, sacaba otro de su pantalón que estaba cubierto por una chaquetilla que era identico, rojo. Este lo lanzaba para que los niños fueran a recogerlo mientras el que era de los crios hacía un truco sorprendente de que se mantuviera durante unos segundos a medio metro del suelo y el se apoyara encima, planeando un momento. Los niños decían que no era tan coñazo como parecía si sabía este truco de planear sobre un frisbee.